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La
ventriloquia es el arte que practica el ventrílocuo,
que es aquél que sabe modificar su voz —real o con
el timbre cambiado— de manera que parezca venir de
lejos. El término proviene del latín ventrilocuus,
‘el que habla con el vientre’, pues se pensaba que
la habilidad era el resultado de un proceso poco
corriente, que durante la respiración se realizaba
en el estómago y que el sonido se originaba allí.
En realidad el sonido proviene de la garganta, que
es el único órgano fonador, y no se proyecta de
ninguna manera hacia ningún lugar, sino que se crea
la ilusión de que proviene de otro lugar. Para ello
son importantes los movimientos del muñeco: de su
boca como si articulara palabras, de sus cejas, de
su mirada fija en el público cuando se dirige a él y
al ventrílocuo cuando le contesta, de sus
distracciones cuando el ventrílocuo habla, de su
ensimismamiento cuando habla para sí mismo, de su
forma de hablar y sus latiguillos. Cuanto más
diferentes sean los timbres de voz, la forma de
expresarse y la personalidad de que se dota al
muñeco, de la voz, expresión y personalidad del
ventrílocuo, mayor será la ilusión de que estamos
frente a dos sujetos diferentes y de que la voz
procede de dos lugares diferentes. De igual manera
que ocurre con la televisión: todos los sonidos
provienen del mismo lugar, los altavoces, pero se
crea la ilusión de que cada persona lanza su voz
desde su posición.
Por supuesto nadie cree que habla el muñeco. Ocurre
como en los trucos de magia, no pensamos que en
realidad el mago haga desaparecer y aparecer nada,
pero nos dejamos maravillar por la presentación del
truco. Igual en este caso, nos dejamos llevar por la
ilusión del que el muñeco tiene vida, y para que la
ilusión sea total es muy importante —además de lo
comentado— dominar el habla invisible.
¿Y qué es el habla invisible? Pues la técnica básica
de la ventriloquía, hablar sin mover los labios.
Teniendo en cuenta que llegar a dominar estas
técnicas puede ser cuestión de meses, o incluso de
años, vamos a exponer en qué consisten, aunque de
una manera somera.
Primero se ha de encontrar una voz de diferente
timbre a la nuestra que podamos modular cómodamente.
Quizá una voz infantil o una voz ronca que surja con
facilidad sin forzar la garganta. Y practicar con
ella. Hablar y hablar hasta que la hagamos nuestra.
Ya habrá tiempo más adelante para encontrar otras
que aumenten el repertorio.
Después hablar con esta voz intentando no mover los
labios, manteniendo una sonrisa con la boca
entreabierta que nos permita expulsar la voz
ventriloquial por la comisura de los labios.
Practicar y practicar frente a un espejo hasta que
el paso de voz normal, sonrisa y voz ventriloquial
sea fluído y automático y pueda realizarse tan
rápidamente como sea necesario.
Aunque es imposible no mover nunca los labios, sí
que se puede minimizar al máximo. Cuando el
espectador lleve un rato observando los labios del
ventrílocuo y no aprecie movimiento se olvidará de
ello y centrará la atención en el muñeco,
completando así la ilusión.
El mayor problema son las consonantes labiales,
bilabiales y, en menor medida, las fricativas. Nada
más sencillo que cambiar una consonante por otra. El
contexto y la más opaca modulación de la voz
ventriloquial harán que no se aprecie el cambio.
Así, se realizarán los siguientes cambios:
-la c (delante de e e i) y la z
Para pronunciarlas colocamos la lengua entre los
dientes, pero suenan prácticamente igual si apoyamos
la punta de la lengua en la parte trasera de los
dientes superiores, incluso en la encía superior,
así le lengua no se verá a través de la sonrisa
entreabiertas, y más si apoyamos los incisivos
superiores sobre los labios inferiores.
-la
f
Se pronuncia igual que la c según el método
anterior, pero más sibilante, dejando escapar más
aire. Otro método es sustituirla por una j.
-la ñ
Se pronuncia ni.
-la b y la v
Se sustituyen por una d.
-la m
Se sustituye por una n.
-la p
Se sustituye por una t.
Entendiendo que no se trata de una simple
sustitución de una letra por otra, sino de una
sustitución modelada por la cavidad bucal, de modo
que la consonante suene como la que deberíamos
decir. Todo ello procurando poca claridad a la
consonante sustituidora, de manera que se tenga la
ilusión acústica de que suena la consonante
sustituida.
Así, diremos “el ninio drae zruta en una dandeja
tara su naná” en vez de “el ñiño trae fruta en una
bandeja para su mamá”. Con práctica (y más práctica)
el cambio de consonantes no se apreciará.
De este modo la ilusión es perfecta… y los labios no
se mueven
Nota sabionda:
La práctica de la ventriloquia se realiza casi
siempre mediante un diálogo, generalmente cómico y/o
sarcástico, entre una persona y un muñeco al que se
denomina dummie.
Nota sabionda: Se han encontrado
restos de ventriloquia en el arte egipcio y en la
arqueología hebrea. Eurycles de Atenas, el primer
ventrílocuo del que se tiene noticia, se hizo tan
famoso que los ventrílocuos griegos fueron llamados
los eurycleides, además de ser conocidos
como engastrímanteis, ‘profetas de la
barriga’.
Nota sabionda: El más famoso
ventrílocuo que ha existido fue Edgar Bergen, un
artista nacido en Chicago, que se presentaba ante el
público en traje de frac, en tanto que su muñeco,
Charlie McCarthy, llevaba un monóculo, sombrero de
copa y traje de etiqueta.
Fuente: Sabercurioso.com |