Hola amigos;
Hoy quiero hablar sobre algo que nos golpea muy duro cuando tenemos un amigo o un familiar sumergido en el terrible mundo de las drogas.
Ayer cuando visitaba a unos amigos me informe que un amigo al que queremos mucho esta tristemente envuelto en este terrible calvario y al que ya no encuentran la manera de salvarlo por mas apoyo y fuerza moral que se le de.
Es muy triste saber como los vicios dominan terriblemente al ser humano al punto de despojarlos de toda dignidad.
Reflexionando en lo mismo encontre lo siguiente:
Cuando el día ya no es día y la noche está llegando, de los tenues y sombríos lugares se notan en movimientos sutiles y lentos las siluetas de aquellos que alguna vez fueron activos y vanidosos, aquellos que casi siempre llevan consigo los mejores sentimientos en su corazón.
Muertos vivientes, una expresión dura, una expresión de dolor, una expresión que casi lo describe todo lo que en ellos sé manifiesta con tan sólo mirarlos, aquellos que llevan en su espalda la maldita carga de la adicción, aquellos que por una moneda venden barata su dignidad, aquellos que por su apariencia son humillados hasta posiblemente sin ninguna razón.
Y más allá de ellos, los que están hundidos en el pantano de la adicción, están los malditos traficantes de muerte, los vendedores de veneno, aquellos que no les interesa que detrás de cada adicto está una madre, una esposa, un hijo.
Si, la persona que vende sueños, la persona que vende de esos imaginarios viajes falsos que cada día hunden más y más hasta sacarlos de la razón.
Allí están míralos están por todos lados, vendiendo por unas pocas monedas lo que quizá es su única prenda, aquella que le quitará el frío en la noche de viajes fantásticos imaginarios, donde pierden el control de sí, para que en unos cortos instantes vuelvan a caminar como zombis en busca de unas monedas en las calles que para ellos son un mercado del veneno maldito, el veneno que a la edad no pone condición.
Amigo lector, ten cuidado hoy me tocó a mí, no descuides a tus seres queridos, cuida con quien hablan tus hijos, cuida sus amigos, porque están allí los malditos traficantes de muerte, a la espera de que te descuides para seguir haciendo dinero con nuestro sufrimiento ¿sabes con quien está hablando tu hijo en este momento? cuidado de sus conversaciones, pon atención.
En memoria de mi hermano Henry Murillo Bonilla, arrebatado por las drogas hace 6 años.
Víctor Manuel Murillo Bonilla.
Cuando observo el campo sin arar, cuando los aperos de labranza están olvidados, cuando la tierra está quebrada y abandonada, me preguntó:
¿dónde están las manos de Dios?
Cuando observo la injusticia, la corrupción, el que explota al débil; veo al prepotente pedante enriquecerse del ignorante y del pobre, del obrero y del campesino, carentes de recursos para defender sus derechos, me pregunto:
¿dónde están las manos de Dios?
Cuando contemplo a esa anciana olvidada; cuando su mirada es nostalgia y balbucea todavía algunas palabras de amor por el hijo que la abandonó, me preguntó:
¿dónde están las manos de Dios?
Cuando veo al moribundo en su agonía lleno de dolor: cuando observo a su pareja y a sus hijos deseando no verle sufrir: cuando el sufrimiento es intolerable y su lecho se convierte en un grito de suplica de paz, me pregunto:
¿dónde están las manos de Dios?
Cuando miro a ese joven antes fuerte y decidido, ahora embrutecido por la droga y el alcohol, cuando veo titubeante lo que antes era inteligencia brillante y ahora harapos sin rumbo ni destino, me pregunto:
¿dónde están las manos de Dios?
Cuando esa chiquilla que debería soñar en fantasías, la veo arrastar su existencia y en su rostro refleja ya el hastío de vivir, y buscando sobrevivir se pinta la boca y se ciñe el vestido, y sale su cuerpo a vender, me pregunto:
¿dónde están las manos de Dios?
Cuando aquel pequeño a las tres de la madrugada me ofrece su periódico, su miserable cajita de dulces sin vender, cuando lo veo dormir en la puerta de un zaguán titiritando de frío, con unos cuantos periódicos que cubren su frágil cuerpecito, cuando su mirada me reclama una caricia, cuando lo veo sin esperanzas vagar con la única compañía de un perro callejero, me pregunto:
¿dónde están las manos de Dios?
Luego fui con Dios y le pregunte:
¿Dónde están tus manos, Señor?, para luchar por la injusticia, para dar una caricia, un consuelo al abandonado, rescatar a la juventud de las drogas, dar amor y ternura a los olvidados; después de un largo silencio escuché su voz que me dijo:
"No te das cuenta? TU eres mis manos, atrévete a usarlas para lo que fueron hechas, para dar amor y alcanzar estrellas".
Y comprendí que las manos de Dios somos "TU y YO", los que tenemos la voluntad, el conocimiento y el coraje para luchar por un mundo más humano y justo, aquellos cuyos ideales sean tan altos que no puedan dejar de acudir a la llamada del destino a aquellos que desafiando el dolor, la crítica y la blasfemia se reten a sí mismos para ser las manos de Dios.
Señor, ahora me doy cuenta que mis manos están sin llenar, que no han dado lo que deberían dar. Te pido perdón por el amor que me diste y que no he sabido compartir; las debo de usar para amar y conquistar la grandeza de la creación.
El mundo necesita esas manos llenas de ideales y estrellas, cuya obra magna sea contribuir día a día a forjar una nueva civilización, que busquen valores superiores, que compartan generosamente lo que Dios nos ha dado y puedan al final llegar vacías, porque entregaron todo el amor del que eran capaces y para el que fueron creadas..........
y Dios seguramente dirá:
"¡¡¡ESAS SON MIS MANOS!!!"
Saludos.
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